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Estos errores están machacando tu emprendimiento

Estos errores están machacando tu emprendimiento

Quiero dar las gracias a todas las personas que, de una forma u otra, habeís motivado esta publicación. Si me estás leyendo es probable que tú seas una de ellas.

Llevo varias semanas viendo contenido súper chupi con motivo del inicio del año: nuevas metas, nuevos retos, nuevos propósitos. Y con todo ello siempre (y ya van 5 años) me llegan mensajes similares en enero: “Se me está haciendo cuesta arriba el año y acabamos de empezar”.

Ya hija, ya, I know that feeling.

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Foto: Thirdman on Pexels.com

Por eso hoy, aún a riesgo de sonar pesimista y cuñadil, quiero hablarte de estos 7 errores, ideas, sucesos, circunstancias, eventos, que están machacándote a ti y a tu emprendimiento (¡Y DECIRTE QUE NO ESTÁS SOLA!).

Vamos al lío.

1. Los perfiles flower power

Dicen que elijas bien a tus enemigos, y yo te digo que elijas mejor a la gente que te inspira. Estoy cansadísima de súper mujeres que todo les va sobre ruedas, que cocinan, que emprenden, que ya tienen la agenda cerrada hasta octubre de 2027, que tienen todo mega organizado, sin fisuras, y encima cantan, y bailan, y tienen la vida perfecta. La gente puede inspirar, pero a veces esto de enseñar solo lo bueno en las redes se me hace re-tóxico. Ojo, lo digo sin envidia. Conozco gente a la que le va estupendamente y me alegro mil. Pero la gente que intenta aparentar… Sé que lo hacen sin maldad, pero muchas veces me gustaría darles un abrazo.

2. Las frases motivacionales

Detrás de muchas de estas frases se esconden situaciones privilegiadas, capacitistas, excepcionales y altivas. Puedo entender las frases motivacionales inocentes, con un toque naïf (confieso que me encanta Mr. Wonderful), pero cuando esconden un insulto no las acepto. Alicia Pérez Gil (La Escribeteca) reflexionaba hace poco sobre esto y la verdad es que le doy toda la razón. Hablaba de un trend entre escritoras que decía algo así como que si puedes trabajar para otro durante 8 horas, puedes dedicarle un par de horas a tu autocuidado. Lo siento, pero si tú puedes dedicar una hora de tu día a tu negocio, además de trabajar para otros, enhorabuena, pero las circunstancias personales de cada una son únicas, y no nos hace menos capaces el no poder con todo.

3. La autoexigencia

Mirarte al espejo y hablarte mal es algo que tienes que empezar a solucionar YA. Sería un buen propósito para 2024. Nos pedimos cosas que no le exigimos a nadie más, no nos perdonamos lo que le perdonaríamos a cualquier amigo, o incluso a algún compañero de trabajo. ¿No te ha dado tiempo? Pues no te ha dado tiempo. Reconduce, discúlpate, haz lo que tengas que hacer, pero sobre todo asume y acepta que no todo te va a salir (y mucho menos a la primera, lo siento). Perdónate tus propios errores, porque no te mereces hablarte, tratarte ni mirarte con desprecio.

4. El perfeccionismo

Te puedo contar esto de mil maneras. La clásica es “Mejor hecho que perfecto”, pero mi lema favorito es uno que usábamos cuando estudié Gráfica Publicitaria. ¿Sabes ese momento en el que tienes que presentar varios proyectos a la vez, tienes exámenes, y todo parece que se tuerce? Pues de aquello salió: “A tomar por culo; así se queda”. Y ya está. Si algo no sale tan perfecto como querías, tienes una lección que aprender. Puede ser que no hayas gestionado bien el tiempo, que el proyecto sea muy ambicioso, que haya factores externos que no has podido controlar, o simplemente que el proyecto es una mierda y no te motiva a darle más vueltas. Pero STOP perfeccionismo.

5. La planificación

Lo explico en cada charla: lo ideal es planificar todo, encontrar una estrategia adecuada, tener un calendario de producción, otro de ejecución, y cumplirlo. Pero a veces nos pasamos de rosca y somos absolutamente inflexibles con nuestras propias normas. Permítete parar, cambiar de rumbo e improvisar. Pensar en la planificación como un corsé que tiene que estar siempre apretadísimo nos lleva, además, a cometer errores flagrantes porque no hay margen de maniobra.

6. La desconfianza

El año pasado os conté en un post cómo nuestro propia autoestima nos puede delatar. Desconfiar de nuestra capacidad, de nuestras opciones, de nuestras elecciones, es un monstruo grande y feo contra el que hay que luchar. Sé que es muy difícil de manejar, lo he sufrido durante décadas, y mi conclusión es que, a no ser que la situación sea catastrófica, tienes que seguir. Hay una prueba infalible para esto, pero no la recomiendo para nada, y es dejar de hacer lo que hacéis para comprobar si hay avance o no. Me explico: imagina que estás subiendo contenido a tu cuenta de Instagram casi a diario. Llevas varios meses así, creando posts, reels, stories, interactuando, pero crees que no hay ningún avance. Deja de hacerlo durante un mes, ya te digo yo lo que va a pasar. Pasado el mes te vas a dar cuenta que sí que había actividad, sí que te leía la gente, sí que importaba tu contenido, pero es un camino lento y parece que no avanzamos, pero sí que lo hacemos. Por eso creo que al final lo importante es continuar. De hecho es lo que yo misma estoy haciendo en varias facetas de mi vida, pero otro día te hablaré sobre eso si te interesa.

7. El capitalismo

Si me conoces, sabes que esto es un tema recurrente. «Ah, pero el capitalismo nos ayuda a avanzar». José Ramón, eso es una falacia que te venden los capitalistas, déjame hablar o escribe tu propio libro. El capitalismo nos obliga a devorarnos unos a otros, a sobrevivir en un mundo plagado de competencia, a ser las mejores, las más luchadoras, las más fuertes. Y en esta guerra nos obliga a quedarnos solas. Nos fuerza al monopolio, a ser las únicas, a quedarnos en la cumbre mirando hacia abajo. Es un sistema diseñado para destruirnos. Es inabarcable, agotador e insostenible. Para avanzar, o soy la mejor en lo mío o no voy a poder continuar. La mejor diseñadora, la mejor terapeuta, la mejor especialista, la mejor ingeniera, la mejor escritora. Esta presión de tener que estar siempre innovando y creando cosas nuevas es un pozo del que es muy difícil salir. Primero porque el reconocimiento nos hace cosquillas en la química de nuestro cerebro y nos hace querer más. Segundo porque cuanto más crecemos, más gastamos, más invertimos en nuestro negocio. Bajar el ritmo es impensable ya que no podríamos mantener todo lo que ya hemos montado. Y tercero porque nos quedaríamos atrás. Nadie querría nuestros servicios porque ya hay otras personas mucho más preparadas, que venden mejor, que se venden mejor, que tienen unos servicios más apetecibles… Y mientras, nosotras, envejeciendo, viendo cómo nuestro esfuerzo se va por el desagüe porque no podemos permitirnos parar, ni por salud mental, ni por cuidar a otros, ni por ser madres, ni si quiera por una pandemia.

No me gustaría terminar este post en un tono pesimista, ni pretendo que desmoralizarte, sino todo lo contrario. Quiero animarte a encontrar tus propias herramientas que te ayuden a seguir adelante y a continuar luchando por lo que quieres hacer. Fíjate, hace unos años yo misma escribí otra entrada con 10 razones para montar tu propio negocio. Le tengo especial cariño, porque meses después me di de alta de autónomos, algo que he disfrutado mucho (aunque ha sido un poco montaña rusa a ratos). Quizá sea un buen momento para releerla y comprobar qué tal ha envejecido.

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